da vida otro actor frecuente en Garci, Jesús Puente-, de que debe tomar distancia, salir de
Madrid y encontrarse consigo misma. En cambio, su madre se opone. Altiva, elegante y
distante, Marisa de Leza logra dar al personaje el empaque necesario para convertirlo en el
contrapunto de su hija. No entiende que el médico, su marido y Julia estén de acuerdo en que
la protagonista se vaya de Madrid, pues considera que solo estando en su ambiente habitual,
con la familia y con sus amistades podrá salir de su situación. Por otra parte, rechaza que lo que
tiene sea una depresión, restando así importancia al estado tan frágil en el que se encuentra.
Recurre incluso al chantaje emocional para que no se vaya.
Llendelabarca será el refugio de la protagonista. Es la casa donde solía pasar los veranos
cuando era una niña. Situada a las afueras de la localidad ficticia de Cerralbos del Sella, en
Asturias, es grande, vetusta y no posee la distinción y las comodidades de su casa de Madrid.
Sin embargo, en ella encuentra un espacio propio, un lugar donde puede desarrollarse sin la
vigilante mirada de su madre, una Ítaca que la ayudará a salir a la superficie. A veces las
personas que no son de la familia son quienes mejor saben guiar a alguien, quizá sin pretenderlo,
y el fruto de sus consejos se ve más rápidamente. Esto es lo que le sucede a Julia con las
personas que habitan en Llendelabarca: la sabia e inteligente guardesa conocida como tía Gala;
su nuera, la prudente y humilde Pilara; y el nieto de la primera e hijo de la segunda, el pequeño
y despierto Juanito. Interpretados por Julia Gutiérrez Caba, Ana Fernández y Manuel Lozano,
respectivamente, no tardan en convertirse en una verdadera familia para la protagonista. Al
principio, la tratan con cierta distancia al ser la hija de los señores para los que trabajan, pero
Julia insiste en que la traten de tú para establecer una cercanía que necesita por encima de todo.
Aunque su sofisticado porte y sus exquisitas formas indican lo contrario, la joven llega hundida.
La sencillez de estos personajes, sus profundas conversaciones con ellos y sus largos paseos
por la playa, se convierten en la mejor medicina posible.
Para conseguir este sosiego contará también con la ayuda de los vecinos de este pequeño
pueblo, donde el sacerdote ocupa un lugar destacado y, como era habitual en la época, ejerce
su autoridad. Don Matías –encarnado por Juan Diego-, es muy serio, está acostumbrado a
imponer su criterio y suele pronunciar unas homilías donde asusta a los feligreses hablándoles
del mal y del pecado, en lugar de ofrecerles esperanza. Sin duda, se trata de un ser de ficción
muy bien construido que recuerda perfectamente a ciertos curas de la España rural de la
posguerra. El personaje con el que Julia entabla una relación más cercana es el maestro del
pueblo, Don Orfeo, a quien da vida Iñaki Miramón. Como se explica a continuación, es un
docente de gran vocación, comprometido con el alumnado y preocupado por su aprendizaje,